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Hace ya varios años que un famoso artículo de la revista Life afirmaba: “La primera película importante fue un western y, si alguna vez hay una última película, ella será también un western”. Décadas enteras de la mitología del Oeste Americano, de la frontera y de los horizontes sin límite fueron el reemplazo de una epopeya literaria para un pueblo recién constituido, el de Estados Unidos. Y esta mitología, casi espontáneamente, creó un lenguaje universal y comprensible, unos rituales y un esquema narrativo que llegó a ser aceptado en lugares muy distantes y diferentes. Dentro de esos esquemas, incluso directores europeos como Lang, Renoir o Douglas Sirk, fueron capaces de introducir sus propias obsesiones y su propio trasfondo cultural. Y es que el western perduró mucho tiempo, sobre todo por su capacidad de ejemplificar ideologías, traumas, mensajes personales, situaciones humanas de la más diversa índole, todo dentro de esquemas externos preestablecidos y conocidos anticipadamente por los espectadores. (Aparte de Luis Alberto Álvarez, “Danza con lobos: El regreso del western”.El Colombiano, 21 de abril de 1991)
Sábados. 12:00 m. Sala 1
ENTRADA LIBRE
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