Escuela de crítica

Pájaros de verano, de Cristina Gallego y Ciro Guerra

Entre lo étnico y el gánster

 

Ángela Cardona

 

El cine producido por Ciudad Lunar, Ciro Guerra y Cristina Gallego en los diferentes roles que han ejercido, ha dejado claro que hay una búsqueda especial en sus historias y es que se narra a través de las diversas comunidades colombianas, adentrándose en ellas, en sus personajes, la música, los rituales, las lenguas y muchos elementos que demuestran un tipo de cine que va más allá, que profundiza en la cultura y busca representarla con fidelidad. Este es el caso de Pájaros de Verano, una historia que se desarrolla en la Guajira, en medio de la atractiva etnia wayuu, que cuenta a través de la familia el periodo de la bonanza marimbera en Colombia.

Rapayet, un wayuu en busca de conformar su familia con la mujer que le gusta, necesita obtener el dinero suficiente para demostrar que es el indicado y prueba con el negocio de la ‘marimba’, que en su momento generó mucho dinero gracias a los gringos, y lo logra, pero a medida que crece su riqueza, crecen también sus problemas y en la manera de resolverlo hay una alta influencia de sus costumbres, pero todo se complica cuando llega a un punto en el que la supervivencia y las tradiciones se separan y debe elegir entre ambas.

Entonces el filme inicia poniendo en contexto al espectador del lugar y el tipo de cultura en el que se basa, se muestra cómo el papel de las costumbres y de la familia es lo más importante. Se habla de los sueños, los antepasados, del palabrero y varios elementos sagrados de la comunidad wayuu que durante la película permiten entender las acciones de sus personajes pero a la vez van perdiendo protagonismo y se convierten en un simple recurso para abordar un relato de venganza. Y es allí donde peca la película, pues tiene los suficientes elementos artísticos y narrativos para darle la relevancia a una tradición tan rica e inspiradora, pero por momentos cruza la línea que separa lo histórico con lo trivial de la representación del narcotráfico en el país.

Y es que a través de una estimulante apertura se van develando las creencias, su lenguaje, sus sonidos, el papel de la mujer, como en la escena del baile que demuestra el cortejo y el cómo se construyen las relaciones en esta sociedad, allí nos introduce algunos de sus personajes principales en un escenario que demuestra la belleza de la Guajira y la riqueza cultural que se encuentra en este lugar y a través de estos elementos el espectador se deja envolver en una narración que poco a poco lo saca de ese ritual para terminar viendo una violencia más cercana al cine de gánster.

Vale destacar que en la película en sí todo funciona, se ve bien dirigida, hay buen casting, actuaciones y hay una notable calidad en sus elementos cinematográficos: su fotografía que saca ventaja del paisaje y lo auditivo que logra una mezcla del sonido de la lengua wayú, sus cantos y la música que se va entre lo autóctono y el vallenato. Pájaros de Verano demuestra una loable labor de producción que logra representar al pueblo wayuu, con el arte, el vestuario, la ambientación y las locaciones, pero finalmente se vuelca hacia una historia que olvida el misticismo de lo que parecía ser lo más importante en el filme.

Es claro que luego de lo que significó el El Abrazo de la Serpiente para el cine nacional, la siguiente producción de los directores genera expectativa entre el público nacional y posiblemente internacional, y tal vez esto causa que la percepción de la cinta no sea tan positiva, pues aunque en este caso continua con su estilo de mostrar la diversidad colombiana, el exotismo guajiro termina siendo secundario y si bien es cierto que busca representar aquella época de la bonanza marimbera, en el fondo no hay una propuesta que difiera de lo que se plantea en las producciones extranjeras que buscan representar al país, así le queda al espectador aferrarse a las escenas que representan la tradición wayuu, que terminan siendo las más significativas y atractivas de la película.

Es entonces el enfoque que se le ha dado al relato lo que genera incomodidad y es posible que esta sea una percepción como espectador colombiano, lo que hace cuestionar si finalmente la película fue hecha en busca de ser reconocida por el público y los festivales europeos o las premiaciones americanas, pues no logra equilibrar elementos tan interesantes de la tradición con la historia, por el contrario va desgastándolos en una vendetta infinita en la que es descifrable en lo que va a terminar.


Ángela Cardona
Estudiante de la Escuela de Crítica de Cine, un proyecto de Cinéfagos.net y Kinetoscopio