Artículos Cine Colombiano

Señorita María, la falda de la montaña, de Rubén Mendoza

Revista Kinetoscopio

 

¡Mucha falda por recorrer!

 

Por Adriana Zamudio
Medellín, Colombia

 

Se estrenó recientemente el documental Señorita María, la falda de la montaña (2017), una historia que va más allá de la búsqueda de controversia o crítica. Rubén Mendoza, el director, muestra de manera fiel y respetuosa el día a día de María, una mujer por convicción y por decisión propia y no por nacimiento, una campesina que lucha por ser –a pesar de la religión, la política y todas las contrariedades sociales que la rodean–. Una campesina como la mayoría de campesinos, invisibles en el país; una amiga, una hija, un ser que sufre el rechazo, la burla y el aislamiento por la diferencia de sus ideales, de su vestuario y su condición de vida.

1. ¡La resiliencia!
“Parece como si no existiera yo en este mundo”...
Todo empezó desde el mismo momento en el que María Luisa Fuentes Burgos nace, según las amigas cercanas de su abuela, hijo de dos hermanos, producto de una violación. Luego su madre lo abandona a su suerte en brazos de la abuela, quien es la madre de crianza, porque, como dice la señorita María, “Madre no es la que lo trae a uno al mundo, sino la que lo cría”. Doña Patrocinia, como se llamaba su abuela-madre, al comprender desde muy temprana edad lo excepcional de su hijo, busca por todos los medios evitar el rechazo y el ultraje de su nieto, por tal razón lo saca de la escuela y lo convierte en un ser “útil”: Le enseña las labores de la cocina, el cuidado del campo y todo lo necesario para cuando ella no estuviera.
Luego de su muerte y ahora sí echado a su suerte, solo en el mundo, aprende a vivir sin importar las repercusiones.
“Porque Dios le da el valor para continuar”… “Porque Dios tiene el poder”.

2. La religión
Sin lugar a dudas, para la señorita María ser católica va más allá de la simple costumbre. Es un bálsamo. Un paradigma. Ella se pone faldas y se llama María Luisa, así como la Virgen María. Odia a toda costa el pantalón y se los pone únicamente por la mera necesidad, no porque le gusten. Para ella, ponerse faldas es una bandera, una renuncia a su condición natural, es algo así como un símbolo fraterno de su causa.
Todo gira en torno a Dios y esto es bueno para ella, a pesar de que es la misma religión la que socialmente castiga su diferencia como pecado.

3. El guion
De estos temas es evidente que no se tienen discursos premeditados, ni diálogos aprendidos, puesto que basta con ver caminar a la señorita María para hacer historia y entender todo a partir de las imágenes y los silencios que se proyectan. Es ella y su entorno natural, son sus animales, es su simple forma de vivir las que llenan de emociones el relato.
No hay dedos que señalan ni cámaras que apuntan al defecto, en silencio y con respeto se acercan y se alejan los planos. Todo está ahí, no hay nada que quitar, no es necesario aparentar.

4. En Colombia…
Aún la diferencia es producto de indiferencia, de rechazo y muerte. Es gracias al arte, a cintas como esta  y su poder inherente de generar cambio que se transforma el pensamiento y la vida respecto a otras vidas. Todavía queda mucha montaña por recorrer y un país por construir en donde él-ella sean simples pronombres y no reglas que discriminan nuestras vidas.