Entrevista con Natalia Orozo, directora de El silencio de los fusiles

Revista Kinetoscopio / Edición 118

 

"No cuento el proceso de paz, sino mi aproximación a dos mundos”

 

Andrés Rodelo
Manizales, Colombia

 

“Siempre que nos hemos levantado de la mesa de negociaciones les hemos dicho: ‘nos vemos dentro de cinco mil muertos’”, afirma Pablo Catatumbo, excomandante de las Farc, en El silencio de los fusiles (2017), el documental de Natalia Orozco sobre el reciente proceso de paz entre la extinta guerrilla y el Gobierno Nacional. El guerrillero se refiere al fracaso que marcaron las iniciativas anteriores a 2012 por acabar con el conflicto armado entre las partes.

Para la periodista antioqueña, el impulso por realizar la película estuvo precisamente en el cambio del paradigma reflejado en las palabras de Catatumbo por uno abierto en el reciente proceso de paz y que dio por finalizada una guerra de 52 años y más de 8 millones de víctimas.

Esta nueva posibilidad partía de la consigna de resolver las diferencias ya no con la sangre como una certeza. “Lo que cuenta es cómo, a pesar de la difícil construcción de la confianza, se reivindica la palabra, la mediación y la concertación como el único camino legítimo para solucionar los conflictos”, expresa Orozco, quien conversó con KINETOSCOPIO.

 

Andrés Rodelo: ¿De qué trata El silencio de los fusiles?

Natalia Orozco: El documental es un relato íntimo y humano sobre el fin de la guerra con las Farc. Más que una descripción técnica de la negociación, narra cómo dos visiones del mundo, completamente opuestas y con diferencias aparentemente irreconciliables, se sientan tras 52 años de guerra y más de 8 millones de víctimas a buscar nuevos caminos para solucionar sus diferencias.

 

A.R.: ¿Qué posición fija usted como directora?

N.O.: Tiene una posición de autor, está narrado en primera persona. Más que una apología del proceso, muestro en numerosas escenas que los excesos cometidos por la guerrilla, los militares y los paramilitares nunca fueron el camino.

 

A.R.: ¿Cuánto tardó haciéndolo?

N.O.: Hice mi primer viaje a La Habana (Cuba) en noviembre del 2012. Sin embargo, las aproximaciones durante el primer año fueron muy difíciles. El segundo consistió en buscar las entrevistas y acercarme al Gobierno. Como antes me había acercado a la guerrilla, entonces el Gobierno expresó mucha desconfianza hacia mí.

 

A.R.: ¿Qué hizo entonces?

N.O.: Entonces los dos primeros años, si bien hice unas grabaciones, no logré que los dos lados de la mesa salieran de los lugares comunes: las Farc muy dogmática y el Gobierno muy políticamente correcto. Ese material casi no lo utilizo en la película. Solamente siento que tengo algo para una narración documental después de esos dos años en los que, si bien no logro como hubiera querido desnudar el alma de los personajes, pues no hay que olvidar que el documental se hizo cuando todavía estábamos en guerra, sí consigo unos instantes de verdad que es lo que siento que el público nacional e internacional ha valorado.

 

A.R.: ¿Con qué apoyo contó para producirlo?

N.O.: El primer año no busqué coproductores, pues no tenía certeza de si podría acceder a los personajes principales, el presidente Juan Manuel Santos y Timoleón Jiménez (Timochenko), además de los negociadores. Al tener el acceso logré algo que era un sueño: coproducir con Arte, el canal de cine documental más prestigioso de Europa. Después se sumó el canal RCN.

 

A.R.: ¿Y RCN la apoyó, con todo y sus reparos hacia el proceso?

N.O.: A las fuentes del documental, así como a los coproductores, les expresé que no podían intervenir en mi línea editorial. Es una obra narrada en primera persona: yo no cuento cómo fue el proceso, sino mi aproximación a dos mundos diferentes y nadie podía decirme qué sentí, cómo lo percibí. Ellos cumplieron el compromiso.

 

A.R.: ¿Cómo es pasar de ser periodista a documentalista?

N.O.: Mientras el periodismo busca responder preguntas: qué, cómo, por qué, cuándo, tal cual lo enseñan en la universidad, yo en el documental abro preguntas y las dejo abiertas para que el espectador busque respuestas. Es cambiar de chip completamente.