Editorial Edición 118

La tierra es territorio del cine…

 

La segunda edición del Festival de Cine de Jardín (Antioquia) lleva como título “Con los pies en la tierra”, y se organizó con el propósito, según sus gestores, de “generar debate sobre el territorio y la historia, además de dar muestra del importante papel que cumple el cine en la construcción de reflexiones en la sociedad”. Pretenden lograr este cometido abordando el tema desde tres ángulos –territorio en conflicto, medio ambiente y cosmogonías–, y haciendo con ellos una rica propuesta plural –cinematográfica y académica– donde caben la antropología, la sociología, la etnografía y las culturas ancestrales.

Kinetoscopio se une gustosamente a la línea temática de este festival porque consideramos que la tierra es el territorio del cine y que desde nuestra óptica editorial podemos aportar al cabal desarrollo de este evento. En esta edición hemos considerado la tierra y la falta de ella, el desplazamiento y la inmigración forzada, el exilio y el desarraigo; la colonización, la lucha por el territorio, las fronteras visibles e invisibles: ficciones y testimonios reales nos ayudan a entender por qué duele tanto alejarse y perder un terruño que es como la vida misma. Hemos hecho eco al reclamo de los ambientalistas y a sus advertencias, y por eso incluimos también los documentales que nos alertan sobre el cambio climático y sobre el planeta que estamos destrozando. Por supuesto que no hemos dejado de lado las cosmogonías que el cine ha reproducido o creado, fértil como es a la hora de gestar mundos y mitos propios que expliquen de dónde venimos, cómo llegamos hasta acá.

Inesperadamente la Asociación de Geógrafos Españoles hizo su aporte a este número, autorizándonos a reproducir apartes de un ensayo publicado en su boletín cuatrimestral sobre la geografía y el cine, y que consideramos sirve como marco global a un tema imposible de agotar. Es que la tierra es ilusión y fronteras cerradas, es paz y también es guerra, es hogar y así mismo infierno, es propiedad y a la vez es desarraigo, es Estado y también su ausencia. De la tierra comemos, bebemos y nos lucramos, y sin embargo hacemos todo lo posible para que eso no siga pasando, acabando indiscriminadamente con unos recursos naturales que ya sabemos que no son eternos. Somos una raza depredadora, incapaz de aprender de sus errores.

De todo esto escribimos en esta edición de Kinetoscopio que están a punto de empezar a leer. Somos tierra, pero sobre todo somos cine.

Feliz lectura.

 

–El Editor