Editorial edición 117

Algo parecido a la felicidad...

 

Escribe Manuel Yañez Murillo en este número de Kinetoscopio que “cabe advertir que la revuelta estilística y conceptual propuesta por Apichatpong, lejos de ser violenta, se expresa a través de un profundo sentido de la generosidad y de una búsqueda perpetua de la armonía estética y el éxtasis sensorial, algo parecido a la felicidad. Una dicha que embriaga al espectador que se deja llevar por unas películas comandadas por dos conceptos luminosos: la libertad y el misterio”.  Se refiere al cine del director tailandés Apichatpong Weerasethakul, invitado a la versión 57 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI) este año.

La obra de A.W. está lejos aún de tener –si la vida no piensa otra cosa- punto final. Lo que ha mostrado hasta ahora en sus 24 años de labores artísticas parece responder a un plan que se hubiese trazado desde el inicio de su carrera y con el que pretende hacer del cine un instrumento para la evocación del pasado y la expresión de lo místico, desde una perspectiva subjetiva que, a la vez, es la de su cultura tailandesa y sus tradiciones religiosas y folclóricas. El plan que menciono (que no es más que un invento mío a menos que A.W. lo confirme) incluye integrar al cine a otras artes contemporáneas y hacerlo avanzar ampliando sus posibilidades expresivas y sensitivas.

A esto contribuye (o se debe) la libertad que expresan sus filmes, donde todo parece estar por inventarse o diseñado para ser hecho añicos narrativamente. A A.W. no le interesan que sus historias sean comprensibles o lógicas para el espectador, mientras respondan a una cohesión interna que él les provee. Esa unidad, más que intelectual, parece ser cultural, sensorial y teológica.

El provenir de Oriente le brinda a su cine una enorme libertad tanto formal como narrativa. A.W. no tiene que pegarse a ninguna formula estética, a ningún canon occidental. Sus filmes son fábulas, cuentos donde lo fantástico se amalgama con lo real, historias construidas a partir del folclor, de la tradición oral, de lo soñado. Tienen tanto peso los fantasmas y los recuerdos como los humanos, tienen tanto que decirnos los espíritus del pasado como los hombres del presente. Animales, naturaleza, espíritus, deidades… en su cine caben todos.

Hecha para la contemplación, su filmografia es  una invitación para  perderse entre preguntas no resueltas, caminos nunca recorridos y meandros que se bifurcan hasta el infinito y en donde siempre tienen cabida la sorpresa y el misterio. Cine exigente, sin duda. Pero también altamente satisfactorio, construido con amor y generosidad. Las siguientes paginas contienen nuestro homenaje a A.W.,  esperamos que les sean útiles al momento de acercarse a su cine en el FICCI y más allá.

-El Editor.

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