Red Road (2006)

 

Cuando la ciudad duerme

 

Por Fernando Arenas V.

Medellín, Colombia

 

Jackie (Kate Dickie), mujer de entre treinta y cuarenta años Es guardia de seguridad para la ciudad de Glasgow, a cargo de las cámaras de vigilancia dispersas por un amplio sector urbano. Su vida es solitaria, sin apegos, con pocos amigos, pero es apreciada por sus compañeros de trabajo. Sus relaciones son físicas y superficiales, esporádicas. Una invitación a una celebración familiar nos revela algo traumático en su pasado que la aleja de su familia. Una noche, mientras vigila un rincón peligroso, nota a un personaje que sostiene un encuentro sexual en un lote abandonado. Lo reconoce. Es Clyde Henderson (Tony Curran), un criminal sexual a quien habían enviado a la cárcel para pagar una condena de diez años.

Perturbada por el descubrimiento, Jackie investiga, en las cintas de video y también por teléfono, y pronto confirma que lo dejaron libre antes de tiempo por buena conducta. Al poco tiempo, la vigilante se ha impuesto una investigación personal. Se lleva cintas para su casa clandestinamente, se acerca a la rutina cotidiana del criminal, y lo acecha en escenas que nos recuerdan las de filmes clásicos como La conversación (The Conversation, 1974), de Coppola, y especialmente La ventana Indiscreta (Rear Window, 1954), de Hitchcock, con esa mezcla de arrojo, conocimiento profesional, pero también improvisación de aficionada, de ciudadana indignada y, lo sospechamos, de víctima que reclama retribución.

Pero a diferencia de las de Hitchcock, en esta película no hay lugares turísticos ni escenas glamorosas. Por momentos la cámara móvil, al hombro, sigue a Jackie y a su sospechoso por los paisajes áridos de la ciudad gris, fea, cubierta de grafitis y basura por todos lados. Otras veces nos acompaña el ojo omnisciente de las cámaras de vigilancia, cuyas imágenes feas, pero funcionales, buscan proteger a esos transeúntes que vagan como fantasmas hambrientos en paisajes desolados. Se repiten las acciones mundanas: pasear al perro, lavar ropa, desayunar en la cafetería, pero la tensión se va haciendo insoportable a medida que la protagonista se acerca demasiado al exconvicto.

Red Road abunda en los temas del control, el peligro, el voyerismo, pero también el trauma, lo reprimido, los dolores y violencias ocultos tras una fachada plácida, en escenas dominadas por colores fríos, en tonos a veces brillantes pero no alegres. El acento escocés, fuerte y extraño a nuestros oídos latinoamericanos, se hace difícil de comprender, lo que solo aumenta la sensación de extrañamiento mientras la aventura de Jackie se hace cada vez más rara e intensamente envolvente. El título del filme se refiere a los Red Road Flats, un complejo habitacional de ocho torres de entre 28 y 31 pisos cada una, construidas en los años sesenta, afamado en su tiempo como la construcción más alta de Glasgow, pero que vivió un largo período de decadencia hasta su demolición entre 2010 y 2015.

 


 

Fernando Arenas

PhD. y M.A. Teatro y Cine,  Universidad de Kansas; Comunicador Social, U.P.B., Medellín. Profesor, Facultad de Comunicación, UDEM. Colaborador, Revista Kinetoscopio y Conferencista de Cine en Medellín.